miércoles, 27 de agosto de 2008
♥ Simplicity of Frustration
No puedo evitar esa horrible sensación que me producen los hombres. Todos los hombres. Incluso mis mejores amigos me inspiran esa desconfianza, ese resentimiento...
No quiero decir que les odio ni nada parecido, simplemente desconfío de ellos. Desde que tengo memoria, nunca he sido lo suficientemente buena para ningún hombre.
Mis compañeros de primaria solían elegirme para las bromas hirientes; mi primer pareja era sutilmente mordaz con cada observación sobre mi persona, y eventualmente decidió traicionarme; mi padre decidió que ya no le gustaba más ser padre y dejó de interesarse por mis dolencias y problemas. En fin. Desde que puedo recordar, los hombres me han decepcionado.
Es triste ponerlo de esa forma pero últimamente el pensamiento me embarga completamente, y mayormente se debe al círculo de conocidos con el que me estoy relacionando.
Son personas a las que no puedo decir que conozco, pero que saben cómo hacerme sentir mal a todo momento. Es como regresar a esa época de mi infancia en que era la gorda del curso, o la despeinada, o la aburrida. Me hacen sentir de esa forma, y me indigna que tengan esa influencia sobre mí siendo que jamás me dejo herir por cualquiera. Pero sin embargo, a ellos les permito lastimarme y ser crueles. La única arma que tengo es la fingida indiferencia, con lo cual sencillamente permito que sigan, y sigan, y sigan con su maldad.
Lo peor de todo es que si se los dijera, quedaría automáticamente tildada de susceptible y emocional, y por más cierto que eso sea, únicamente contribuiría a ponerme peor, y se perdería el propósito de mi honestidad.
No quiero decir que les odio ni nada parecido, simplemente desconfío de ellos. Desde que tengo memoria, nunca he sido lo suficientemente buena para ningún hombre.
Mis compañeros de primaria solían elegirme para las bromas hirientes; mi primer pareja era sutilmente mordaz con cada observación sobre mi persona, y eventualmente decidió traicionarme; mi padre decidió que ya no le gustaba más ser padre y dejó de interesarse por mis dolencias y problemas. En fin. Desde que puedo recordar, los hombres me han decepcionado.
Es triste ponerlo de esa forma pero últimamente el pensamiento me embarga completamente, y mayormente se debe al círculo de conocidos con el que me estoy relacionando.
Son personas a las que no puedo decir que conozco, pero que saben cómo hacerme sentir mal a todo momento. Es como regresar a esa época de mi infancia en que era la gorda del curso, o la despeinada, o la aburrida. Me hacen sentir de esa forma, y me indigna que tengan esa influencia sobre mí siendo que jamás me dejo herir por cualquiera. Pero sin embargo, a ellos les permito lastimarme y ser crueles. La única arma que tengo es la fingida indiferencia, con lo cual sencillamente permito que sigan, y sigan, y sigan con su maldad.
Lo peor de todo es que si se los dijera, quedaría automáticamente tildada de susceptible y emocional, y por más cierto que eso sea, únicamente contribuiría a ponerme peor, y se perdería el propósito de mi honestidad.
Speak your mind, stranger.
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